Cosecha 2014 – Volare y el camino hacia la Roca Calcárea

Otra cosecha fría, la segunda de un ciclo que no aparentaba ser tan largo.

Y fue otra cosecha para recordar, tanto por alguno de sus vinos como por las condiciones que la precedieron.

Por ejemplo, memorable fue el 9 de Setiembre de 2013 en el alto Valle de Uco, en Gualtallary se produjo en menos de 24 horas una amplitud térmica de casi 40 grados! Para los registros históricos, este evento debe tener muy pocos antecedentes. La máxima registrada el día 9 a la tarde, después de un zonda fue de 34,8 grados, seguida por una mínima ocurrida en la madrugada del 10 de Setiembre de -5,1 grados.

Después de meses calurosos y secos como Diciembre y Enero, el clima frío de Febrero, Marzo y Abril junto con las lluvias caídas en época de cosecha, marcaron las diferencias en calidad entre los distintos sitios.

En lugares en donde el ciclo es muy tardío, cosechas de estas características son más complicadas que en sitios más tempranos, en donde, o bien por sus temperaturas más elevadas o bien en lugares fríos pero de suelos restrictivos, pedregosos o no tan profundos, la madurez se anticipa dando una favorable condición de precocidad, especialmente en años en donde las lluvias molestan más de lo normal.

La 2014 fue una cosecha un poquito más inconsistente que la 2013, pero esa irregularidad estuvo muy determinada por los sitios, por lo tanto, los mejores no dejaron de destacarse y los menos cualitativo, la padecieron más. Y aquí, no solo el lugar, sino también el trabajo de cada productor o viticultor en particular, hicieron la diferencia.

Nuestros vinos

Dado lo particular de esta vendimia, decidimos explorar nuevos horizontes y como el título lo anticipa, fuimos a buscar sectores que nos permitieran cosechar anticipadamente, pero con el nivel de madurez que nos gusta en nuestros vinos.

Y así nació nuestro primer Volare Del Camino, un Malbec puro de Gualtallary que viene de una pequeña parcela con mucho limestone muy superficial, que sin ser ni roca blanca ni piedra pintada nos da un vino que mantiene profundidad e intensidad, pero con fluidez y tensión, es “El camino hacia la roca calcárea” sin ser ella misma.

Con David nos gusta llamarlo el vino esencial. Fresco como un mist de cal y flores, como una esencia que perfuma la boca contaminando todo a su paso con el carácter típico de Gualtallary.

Nuestro Malbec con unos racimos de Cabernet Franc, Iubileus y nuestro co-fermentado Malbec y Cabernet Franc, La Craie, año a año nos parecen más Gualtallary que dos variedades asociadas en un blend o una fermentación conjunta, independientemente de las ligeras variaciones que en el momento decidamos en cuanto a la participación de cada cepa. La franqueza de aromas de ambos
sorprende: son muy expresivos y de notable personalidad. Ya para nosotros son self-made wines con la verticalidad de Gualtallary intacta.

Francesa, nuestro querido blend de parcela del otrora desconsiderado, pero hoy creciente en popularidad Los Chacayes, muestra en esta añada su costado más herbal, floral y natural. Con su clásico potpurrí de hierbas, flores y notas balsámicas. En boca muestra una contextura tánica diferente a los otros dos , sin ser esto una virtud o una debilidad sino más bien su particular característica, la que no queremos ocultar porque sino estaríamos yendo contra nuestros propios principios de querer mostrar nuestros vinos unfiltered.

Y como novedad, junto con nuestra añada 2014, recientemente embotellamos nuestro Volare de Flor creemos el primer vino blanco de crianza biológica de Argentina en esta era moderna del vino argentino. Para nosotros un vino muy especial, nostálgico por muchas razones.

Un vino que más que palabras para describirlo, vale la pena probarlo. Es escaso pero siempre hay para los amigos.

Y hablando de nostalgias, cierro este relato con la canción que inspira a los que probaron nuestros Volare en esas primeras catas entre amigos. Ni bien David servía de Flor en las copas, al unísono todos entonaban el estribillo de esta canción de 1958.

Chau!

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